Enrico Caruso. (Tenor italiano).


Enrico Caruso (cantante). Nació el día 25 de febrero de 1873, es natural de Italia, su fecha fallecimiento es 2 de agosto de 1921, su género musical es Opera.

Enrico Caruso

Discografía de: Enrico Caruso

Nombre: Enrico Caruso
Tipos de entrada: Cantante

 

Fecha nacimiento: 25/02/1873
Profesión: Cantante
Lugar de nacimiento: Italia
Fecha fallecimiento: 02/08/1921
Sexo: Hombre
Género musical: Opera

Enrico Caruso, uno de los más grandes tenores de todos los tiempos, quien fuera el “rey” del Metropolitan Opera House de Nueva York, ciudad en donde la admiración se convirtió en idolatría, nació en Nápoles el 25 de febrero de 1873, durante una grave epidemia de cólera. Creció en el hogar, no pudiente, del tenor Marcellino Caruso y su esposa Ana Baldini, quien murió cuando Enrico, a los 15 años de edad, cantaba en el coro de la iglesia de San Severino.

María Callas

Tanto de niño como de adolescente cantó en los coros de las iglesias locales. Fue discípulo de Guglielmo Vergine e hizo su debut operático en el Teatro Nuevo de Nápoles en 1894 cantando L’Amico Francesco de un joven compositor, Doménico Morelli. Se presentó inicialmente, sin mucho éxito, en teatros pequeños del sur de Italia y continuó estudios con Vincenzo Lombar di hasta 1897, año en que hizo su debut verdadero con La Gioconda de Ponchielli, ópera con la cual haría también su debut María Callas en Verona cincuenta años más tarde.

De allí en adelante comenzó su fulgurante carrera, con presentaciones en el Teatro Lírico de Milán en 1897, en Buenos Aires y Roma en 1899 y en La Scala de Milán en la temporada de 1890-1891, donde obtuvo éxitos clamorosos con La Boheme y L’Elisir d’Amore.

Caruso en el papel de Canio en Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo.

Cantó L’ Elisir en el gran Teatro San Carlo de Nápoles en 1901, pero luego de una acogida que causó controversia, resolvió nunca más presentarse en su ciudad natal. Debutó en el Covent Garden de Londres con Rigoletto, con caluroso éxito. Apareció en los años siguientes en los grandes teatros de Europa. Se relata que en Barcelona fue recibido con silencio glacial en 1904, y que fue silbado en Budapest en 1907. Jamás regresó a esas ciudades.

Pero el centro principal de su carrera artística fue el Metropolitan Opera House de Nueva York, donde debutó también con Rigoletto abriendo la temporada, el 23 de noviembre de 1903; Marcella Sembrich interpretó el papel de Gilda en la misma ópera.

Rigoletto fue la ópera de sus principales debuts: también en París, Berlín y Viena. Como la Callas en Violetta, Caruso se acoplaba divinamente en el papel del Duque de Mantua.

El gran teatro neoyorquino, ubicado en aquella época en Broadway con las calles 39-40, estaba bajo la dirección de Heinrich Conried. Pero fue luego, bajo Giulio Gatti-Casazza y la dirección artística de Arturo Toscanni, a partir de 1908, la época en que Caruso dominó la escena operática de Nueva York, hasta su última aparición en la noche de navidad del año 1920.

Legendario fue su paso de 16 años por el Metropolitan. Grabó el cuarteto de Rigoletto no menos de cuatro veces, con sopranos de la talla de Marcella Sembrich, Luisa Tetrazzini y Amelita Galli-Curci. Cantó Rhadamés en Aida más frecuentemente que ninguna otra ópera, 64 veces, y consolidó la popularidad de esta magnífica obra de Verdi en Nueva York.

Pero también fue notorio su éxito con las óperas de Puccini. Grandiosa fue la interpretación de Rodolfo en La Boheme, como también lo fue cantando Tosca y Manon Lescaut. La primera noche del compositor Puccini en Nueva York fue la de la primera presentación de Manon Lescaut, en 1913, con Caruso y Geraldine Farrar, a la cual llegó tarde por un retraso del barco transatlántico que lo traía de Europa.

Del muelle se fue directamente al teatro, donde exclamó: “Caruso es maravilloso”. Cuatro días más tarde el compositor escribía, luego de oír a Caruso en los ensayos de M. Butterfly: “Caruso canta como un dios”. Finalmente, Caruso creó el papel del tenor, Dick Johnson, en La Fanciulla del West, estrenada el 10 de diciembre de 1910 en el Metropolitan.

Otro papel extraordinario de Caruso fue en Pagliacci que también fue una de sus primeras grabaciones, con el compositor Leoncavallo al piano. En este papel alcanzó el más elevado nivel de interpretación teatral. Cantó Pagliacci en Londres en 1908, cuando recibió la noticia de la muerte de su padre y supo que Ada Giachetti lo había abandonado.

Al cantar el famoso lamento, “Ríe payaso, por tu amor destrozado! Ríe por el dolor que ahora envenena tu corazón”, lo hacía con profunda y real amargura, y la audiencia, sin conocer su verdadero estado anímico, se enloqueció. Londres profesó idolatría por Caruso.

El Pagliacci de Caruso fue la primera ópera que se transmitió por radio, en la noche del 13 de enero de 1910, cuando unos pocos compañeros de trabajo en el Metropolitan lo escucharon en New Jersey, al otro lado del río Hudson, en la oficina de Gatti Casazza.

L’Elisir d’Amore de Donizetti fue una de sus óperas preferidas. El aria Una furtiva lagrima causó furor en la audiencia de La Scala en su histórica presentación en 1901.

En Suramérica cantó a Edgardo de Ravenswood, en Lucia, con Amelita Galli-Curci, la legendaria soprano que vino a Nueva York sólo en la temporada siguiente a la muerte de Caruso.

En México, el empresario tuvo que trasladar la presentación de Caruso al circo de toros, donde 22.000 personas lo ovacionaron. En su última presentación, el 2 de noviembre de 1919, se produjo lo que Caruso calificó como “una explosión”. Cantó Sansón y Dalila con la contralto romana Gabriella Besanzoni.

Ya al final de su carrera tuvo otra presentación histórica en el Metropolitan el 18 de noviembre de 1919, la noche siguiente a la apertura de la temporada con Tosca. El programa, en honor al Príncipe de Gales (luego Eduardo VIII y luego Duque de Windsor), incluyó partes de Sansón y Dalila y el primer acto de Pagliacci.

La última ópera que Caruso estudió y que cantó fue La Juive de Jacques F. Halevy. Su postrera aparición en escena ocurrió en la noche de navidad de 1920 en La Juive, con la soprano Florence Easton, quien lo había acompañado anteriormente en la función de gala en honor del Príncipe de Gales.

También como la Callas, Caruso fue uno de los artistas más costosos en la historia de la ópera. Pero en contraste con la costumbre de la Callas, Caruso prácticamente nunca canceló una presentación.

Caruso fue un fumador empedernido y su muerte posiblemente fue consecuencia del tabaquismo, por lo menos en parte. Fumaba dos paquetes de cigarrillos egipcios al día, casi siempre con una boquilla. Según su biógrafo Francis Robinson, antes de ir a escena hacía inhalaciones y luego aspiraba un rapé sueco para aclarar la nariz, seguido de gárgaras de agua con sal y un traguito de whisky escocés.

Caruso contrajo matrimonio con Dorothy Park Benjamin el 20 de 1918 en la Marble Collegiate Church de Nueva York, y seis meses más tarde, por el rito católico, en la Catedral de San Patricio. Tuvo una hija, Gloria, nacida el 18 de diciembre de 1919, y dos hijos de una alianza previa, con Ada Giachetti.

Fue un notable caricaturista, y también un ferviente coleccionista de toda una diversidad de objetos; dejó valiosos álbumes de recortes, especialmente de todo lo relacionado con la Primera Guerra Mundial.

Enfermedad y Muerte

El recuento de la enfermedad y muerte del sublime tenor napolitano ha sido tomada en buena parte de tres biografías muy amenas, las tres en la sección de ópera de la magnífica biblioteca del Yale Club de Nueva York: “Caruso the Man of Naples and the Voice of Gold” por T.R. Ybarra, “Caruso” por Stanley Jackson y “Caruso. His life in Pictures” por Francis Robinson. También se han consultado otras obras de mi biblioteca particular y de otras colecciones, que aparecen en la bibliografía.

En una carta a su amigo Bruno Zirato fechada en East Hampton, Long Island, el 3 de agosto de 1920, escribe que “sufría terribles dolores en general”. Esto ocurría poco después de cuatro semanas de presentaciones en La Habana, que seguirían con una serie de conciertos en once ciudades en el Canadá y en los Estados Unidos.

Su carácter se había hecho irritable por la tos, las cefaleas y el insomnio que lo aquejaban últimamente. Se preparaba para la apertura de la temporada del Metropolitan con La Juive, la cual tuvo lugar el 15 de noviembre. Por esa época el tenor Beniamino Gigli, de 33 años, debutaba en Nueva York con Mefistofele.

Caruso le hizo llegar una cordial nota de congratulación. También La Juive se presentó en Filadelfia el 30 de noviembre. El 3 de diciembre de 1920 cantó en Nueva York Sansón con enorme éxito, a pesar de un cidente sucedido cuando una parte del templo cayó sobre él, en la escena de la destrucción, golpeándole en el tórax.

El día siguiente “cogió un resfrío” en el Central Park, y su tos se agravó; pero su médico dictaminó que se encontraba bien para cantar Plagiacci el 8 de diciembre. Fumó un cigarrillo inmediatamente antes de subir a escena, pero su voz se quebró en “Vesti la Giubba”, y tambaleante y como ciego, salió del escenario para caer desfallecido en brazos de Zirato.

En su camerino, semi-inconsciente, se quejaba de fuerte dolor en el costado. Su médico, el doctor Horwitz, por quien la esposa Dorothy manifestaba desconfianza, diagnosticó una “neuralgia intercostal”, le vendó el hemitórax izquierdo y le permitió continuar con el acto segundo. Al caer la cortina la audiencia le prodigó un aplauso comprensivo.

En la noche del 11 de diciembre se presentó en la Academia de Música de Brooklyn con L’Elisir. A las 7:45, ya vestido como Nemorino, experimentó un fuerte acceso de tos y observó, con gran preocupación, que manchaba con sangre el lavamanos. Este fue, aparentemente, su primer episodio de hemoptisis. A pesar de los ruegos de su esposa, insistió en subir al escenario. Tuvo tos en el primer acto, y la audiencia se horrorizó al ver sangre en la vestimenta de Nemorino. Continuó cantando, pero su boca se llenaba de sangre.

En los intervalos se secaba con toallas que quedaban ensangrentadas. Fue examinado por el doctor Horwitz en el camerino, quien opinó que la sangre provenía de una pequeña vena rota en la base de la lengua. Una vez que la hemorragia cedió, se levantó y declaró que continuaría con el acto segundo.

Pero la audiencia, ante el anuncio del director de que Caruso cantaría si así lo querían, se pronunció en contra, con muchas personas llorando. Caruso y Dorothy habían adoptado el Hotel Vanderbilt como su hogar en la ciudad. De regreso a la suite la ciudad. De regreso a la suite en el último piso, y después de una visita a su pequeña hija Gloria en la guardería, pidió a Gatti-Casazza y a Zirato que se quedaran a cenar.

El doctor Horwitz informó a Gatti que el asunto no era serio y que de ninguna manera podía interferir con la carrera del tenor. Según Jackson, Caruso “trato de hacer algunos chistes, pero por primera vez en su vida no encendió un cigarrillo.”

Al día siguiente, domingo, descansó y en la noche del lunes 13 de diciembre, de nuevo contra el querer de su esposa, cantó La Forza del Destino en el Metropolitan. Recibió una prolongada ovación con la delirante audiencia de pie, antes y después de su interpretación. Su médico insistió, aparentemente ante el robusto estado físico del tenor, en el diagnóstico de “neuralgia intercostal”, y procedió a colocarle un corsé, con el cual cantó un perfecto Sansón el 6 de diciembre. Pero cinco días más tarde, acosado por severo dolor en su costado, tuvo que cancelar un L’Elisir, se informó que el artista sufría un ataque de lumbago.

Geraldine Farrar, la soprano norteamericana que cantó, con Caruso, en algunas de las más aplaudidas óperas en Nueva York.

Enrico Caruso, uno de los más grandes tenores de todos los tiempos, quien fuera el “rey” del Metropolitan Opera House de Nueva York, ciudad en donde la admiración se convirtió en idolatría, nació en Nápoles el 25 de febrero de 1873, durante una grave epidemia de cólera. Creció en el hogar, no pudiente, del tenor Marcellino Caruso y su esposa Ana Baldini, quien murió cuando Enrico, a los 15 años de edad, cantaba en el coro de la iglesia de San Severino.

Tanto de niño como de adolescente cantó en los coros de las iglesias locales. Fue discípulo de Guglielmo Vergine e hizo su debut operático en el Teatro Nuevo de Nápoles en 1894 cantando L’Amico Francesco de un joven compositor, Doménico Morelli. Se presentó inicialmente, sin mucho éxito, en teatros pequeños del sur de Italia y continuó estudios con Vincenzo Lombar di hasta 1897, año en que hizo su debut verdadero con La Gioconda de Ponchielli, ópera con la cual haría también su debut María Callas en Verona cincuenta años más tarde.

De allí en adelante comenzó su fulgurante carrera, con presentaciones en el Teatro Lírico de Milán en 1897, en Buenos Aires y Roma en 1899 y en La Scala de Milán en la temporada de 1890-1891, donde obtuvo éxitos clamorosos con La Boheme y L’Elisir d’Amore. Figura 1. Caruso en el papel de Canio en Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo. Cantó L’ Elisir en el gran Teatro San Carlo de Nápoles en 1901, pero luego de una acogida que causó controversia, resolvió nunca más presentarse en su ciudad natal.

Debutó en el Covent Garden de Londres con Rigoletto, con caluroso éxito. Apareció en los años siguientes en los grandes teatros de Europa. Se relata que en Barcelona fue recibido con silencio glacial en 1904, y que fue silbado en Budapest en 1907. Jamás regresó a esas ciudades. Pero el centro principal de su carrera artística fue el Metropolitan Opera House de Nueva York, donde debutó también con Rigoletto abriendo la temporada, el 23 de noviembre de 1903; Marcella Sembrich interpretó el papel de Gilda en la misma ópera.

Rigoletto fue la ópera de sus principales debuts: también en París, Berlín y Viena. Como la Callas en Violetta, Caruso se acoplaba divinamente en el papel del Duque de Mantua. El gran teatro neoyorquino, ubicado en aquella época en Broadway con las calles 39-40, estaba bajo la dirección de Heinrich Conried. Pero fue luego, bajo Giulio Gatti-Casazza y la dirección artística de Arturo Toscanni, a partir de 1908, la época en que Caruso dominó la escena operática de Nueva York, hasta su última aparición en la noche de navidad del año 1920.

Legendario fue su paso de 16 años por el Metropolitan. Grabó el cuarteto de Rigoletto no menos de cuatro veces, con sopranos de la talla de Marcella Sembrich, Luisa Tetrazzini y Amelita Galli-Curci. Cantó Rhadamés en Aida más frecuentemente que ninguna otra ópera, 64 veces, y consolidó la popularidad de esta magnífica obra de Verdi en Nueva York. Pero también fue notorio su éxito con las óperas de Puccini. Grandiosa fue la interpretación de Rodolfo en La Boheme, como también lo fue cantando Tosca y Manon Lescaut.

La primera noche del compositor Puccini en Nueva York fue la de la primera presentación de Manon Lescaut, en 1913, con Caruso y Geraldine Farrar, a la cual llegó tarde por un retraso del barco transatlántico que lo traía de Europa. Del muelle se fue directamente al teatro, donde exclamó: “Caruso es maravilloso”. Cuatro días más tarde el compositor escribía, luego de oír a Caruso en los ensayos de M. Butterfly: “Caruso canta como un dios”.

Finalmente, Caruso creó el papel del tenor, Dick Johnson, en La Fanciulla del West, estrenada el 10 de diciembre de 1910 en el Metropolitan. Caruso en el papel del Duque de Mantua en Rigoletto de Verdi. Otro papel extraordinario de Caruso fue en Pagliacci que también fue una de sus primeras grabaciones, con el compositor Leoncavallo al piano. En este papel alcanzó el más elevado nivel de interpretación teatral. Cantó Pagliacci en Londres en 1908, cuando recibió la noticia de la muerte de su padre y supo que Ada Giachetti lo había abandonado.

Al cantar el famoso lamento, “Ríe payaso, por tu amor destrozado! Ríe por el dolor que ahora envenena tu corazón”, lo hacía con profunda y real amargura, y la audiencia, sin conocer su verdadero estado anímico, se enloqueció. Londres profesó idolatría por Caruso. El Pagliacci de Caruso fue la primera ópera que se transmitió por radio, en la noche del 13 de enero de 1910, cuando unos pocos compañeros de trabajo en el Metropolitan lo escucharon en New Jersey, al otro lado del río Hudson, en la oficina de Gatti Casazza.

L’Elisir d’Amore de Donizetti fue una de sus óperas preferidas. El aria Una furtiva lagrima causó furor en la audiencia de La Scala en su histórica presentación en 1901. En Suramérica cantó a Edgardo de Ravenswood, en Lucia, con Amelita Galli-Curci, la legendaria soprano que vino a Nueva York sólo en la temporada siguiente a la muerte de Caruso. En México, el empresario tuvo que trasladar la presentación de Caruso al circo de toros, donde 22.000 personas lo ovacionaron.

En su última presentación, el 2 de noviembre de 1919, se produjo lo que Caruso calificó como “una explosión”. Cantó Sansón y Dalila con la contralto romana Gabriella Besanzoni. Ya al final de su carrera tuvo otra presentación histórica en el Metropolitan el 18 de noviembre de 1919, la noche siguiente a la apertura de la temporada con Tosca. El programa, en honor al Príncipe de Gales (luego Eduardo VIII y luego Duque de Windsor), incluyó partes de Sansón y Dalila y el primer acto de Pagliacci.

La última ópera que Caruso estudió y que cantó fue La Juive de Jacques F. Halevy. Su postrera aparición en escena ocurrió en la noche de navidad de 1920 en La Juive, con la soprano Florence Easton, quien lo había acompañado anteriormente en la función de gala en honor del Príncipe de Gales. También como la Callas, Caruso fue uno de los artistas más costosos en la historia de la ópera. Pero en contraste con la costumbre de la Callas, Caruso prácticamente nunca canceló una presentación.

Caruso fue un fumador empedernido y su muerte posiblemente fue consecuencia del tabaquismo, por lo menos en parte. Fumaba dos paquetes de cigarrillos egipcios al día, casi siempre con una boquilla. Según su biógrafo Francis Robinson, antes de ir a escena hacía inhalaciones y luego aspiraba un rapé sueco para aclarar la nariz, seguido de gárgaras de agua con sal y un traguito de whisky escocés. Caruso contrajo matrimonio con Dorothy Park Benjamin el 20 de 1918 en la Marble Collegiate Church de Nueva York, y seis meses más tarde, por el rito católico, en la Catedral de San Patricio.

Tuvo una hija, Gloria, nacida el 18 de diciembre de 1919, y dos hijos de una alianza previa, con Ada Giachetti. Fue un notable caricaturista, y también un ferviente coleccionista de toda una diversidad de objetos; dejó valiosos álbumes de recortes, especialmente de todo lo relacionado con la Primera Guerra Mundial.

Enfermedad y Muerte El recuento de la enfermedad y muerte del sublime tenor napolitano ha sido tomada en buena parte de tres biografías muy amenas, las tres en la sección de ópera de la magnífica biblioteca del Yale Club de Nueva York: “Caruso the Man of Naples and the Voice of Gold” por T.R. Ybarra, “Caruso” por Stanley Jackson y “Caruso. His life in Pictures” por Francis Robinson.

También se han consultado otras obras de mi biblioteca particular y de otras colecciones, que aparecen en la bibliografía. En una carta a su amigo Bruno Zirato fechada en East Hampton, Long Island, el 3 de agosto de 1920, escribe que “sufría terribles dolores en general”. Esto ocurría poco después de cuatro semanas de presentaciones en La Habana, que seguirían con una serie de conciertos en once ciudades en el Canadá y en los Estados Unidos.

Su carácter se había hecho irritable por la tos, las cefaleas y el insomnio que lo aquejaban últimamente. Se preparaba para la apertura de la temporada del Metropolitan con La Juive, la cual tuvo lugar el 15 de noviembre. Por esa época el tenor Beniamino Gigli, de 33 años, debutaba en Nueva York con Mefistofele. Caruso le hizo llegar una cordial nota de congratulación. También La Juive se presentó en Filadelfia el 30 de noviembre.

El 3 de diciembre de 1920 cantó en Nueva York Sansón con enorme éxito, a pesar de un cidente sucedido cuando una parte del templo cayó sobre él, en la escena de la destrucción, golpeándole en el tórax. El día siguiente “cogió un resfrío” en el Central Park, y su tos se agravó; pero su médico dictaminó que se encontraba bien para cantar Plagiacci el 8 de diciembre. Fumó un cigarrillo inmediatamente antes de subir a escena, pero su voz se quebró en “Vesti la Giubba”, y tambaleante y como ciego, salió del escenario para caer desfallecido en brazos de Zirato.

En su camerino, semi-inconsciente, se quejaba de fuerte dolor en el costado. Su médico, el doctor Horwitz, por quien la esposa Dorothy manifestaba desconfianza, diagnosticó una “neuralgia intercostal”, le vendó el hemitórax izquierdo y le permitió continuar con el acto segundo. Al caer la cortina la audiencia le prodigó un aplauso comprensivo.

En la noche del 11 de diciembre se presentó en la Academia de Música de Brooklyn con L’Elisir. A las 7:45, ya vestido como Nemorino, experimentó un fuerte acceso de tos y observó, con gran preocupación, que manchaba con sangre el lavamanos.

Este fue, aparentemente, su primer episodio de hemoptisis. A pesar de los ruegos de su esposa, insistió en subir al escenario. Tuvo tos en el primer acto, y la audiencia se horrorizó al ver sangre en la vestimenta de Nemorino. Continuó cantando, pero su boca se llenaba de sangre. En los intervalos se secaba con toallas que quedaban ensangrentadas. Fue examinado por el doctor Horwitz en el camerino, quien opinó que la sangre provenía de una pequeña vena rota en la base de la lengua.

Una vez que la hemorragia cedió, se levantó y declaró que continuaría con el acto segundo. Pero la audiencia, ante el anuncio del director de que Caruso cantaría si así lo querían, se pronunció en contra, con muchas personas llorando. Caruso y Dorothy habían adoptado el Hotel Vanderbilt como su hogar en la ciudad. De regreso a la suite la ciudad. De regreso a la suite en el último piso, y después de una visita a su pequeña hija Gloria en la guardería, pidió a Gatti-Casazza y a Zirato que se quedaran a cenar.

El doctor Horwitz informó a Gatti que el asunto no era serio y que de ninguna manera podía interferir con la carrera del tenor. Según Jackson, Caruso “trato de hacer algunos chistes, pero por primera vez en su vida no encendió un cigarrillo.” Al día siguiente, domingo, descansó y en la noche del lunes 13 de diciembre, de nuevo contra el querer de su esposa, cantó La Forza del Destino en el Metropolitan. Recibió una prolongada ovación con la delirante audiencia de pie, antes y después de su interpretación.

Su médico insistió, aparentemente ante el robusto estado físico del tenor, en el diagnóstico de “neuralgia intercostal”, y procedió a colocarle un corsé, con el cual cantó un perfecto Sansón el 6 de diciembre. Pero cinco días más tarde, acosado por severo dolor en su costado, tuvo que cancelar un L’Elisir, se informó que el artista sufría un ataque de lumbago. Figura 3. Geraldine Farrar, la soprano norteamericana que cantó, con Caruso, en algunas de las más aplaudidas óperas en Nueva York.

Fuente de consulta:

©Andrés Cifuentes
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